¡Hola a tod@s!

En nuestra presentación ya os hemos adelantado que nuestra hija, Ana, es una niña con altas capacidades. La mayor parte de la gente puede creer que es maravilloso, pero nada más lejos de la realidad. Si bien es cierto que en algunos momentos es mágico, la mayor parte de las veces están llenos de incomprensión, amargura, frustración…

Los que estéis leyendo este post debéis pensar que los niños con altas capacidades, al igual que el resto de las personas, son únicos. Muchas afirmaciones que se suelen hacer, del tipo “son buenos en todo, son muy buenos académicamente o tienen intereses muy específicos, entre otras” no siempre se cumplen como generalidad.

Ana es una niña extremadamente sensible, muy creativa e imaginativa sin unos intereses definidos aún. Sus principales gustos, por el momento, son: trastear montando y desmontando objetos (si es con un taladro/atornillador mejor que mejor), recortar y pegar para crear millones de formas y cómo no ¡la pistola de silicona! Sus puntos “débiles” que pueden llevar al traste cualquier actividad o plan planificado son el calor, el cansancio y/o el hambre.

Os contamos cómo abordamos nosotros las vacaciones. Ese momento que puede ser disfrutado al máximo y que en un abrir de ojos, puede convertirse en la peor de las pesadillas, literal.

Antes de seguir sí queríamos abordar dos aspectos fundamentales para las personas que acompañamos a Ana: la paciencia y el valorar (lo más objetivamente que se pueda, que es tremendamente difícil) qué es lo realmente importante a la hora de actuar. La paciencia está claro que no es infinita, pero hay que trabajarla mucho. Ana es una niña muy intensa, ya os comentamos que puede estar estupenda, pero en el momento que pueda sentir cansancio o hambre, empieza a “fastidiar”. Y decimos fastidiar porque es el primer pensamiento que al adulto se le pasa por la cabeza, pero en realidad es la forma que tiene de decir “no puedo más”. Aunque muchas veces nos puede sorprender con conversaciones que nos dejan alucinados, otras veces no son capaces de verbalizar serenamente “papá/mamá, estoy cansada y necesito parar o tengo hambre/sed, ¿puedo tomar algo?”.

A lo que vamos ¿qué hacemos en vacaciones? Siempre hemos creído que con niños se puede viajar, que no es motivo para no hacerlo, pero sí hay que tenerles en cuenta a la hora de establecer las excursiones, actividades que se plantean. Y nosotros, mucho más aún.

Además, Ana requiere de una anticipación, los cambios no suelen gustarle demasiado y puede ser un disparador importante en su cambio de actitud. Por lo que hay que llevarlo todo hilado y dejar poco a lo que surja y contarle unos días antes qué vamos a hacer. Evidentemente pueden surgir cosas y hay que hacerles ver que eso es también lo interesante de un viaje/excursión. En casa solemos preparar los mapas turísticos con ellos y establecemos la ruta a visitar, qué podemos hacer, …

Y como lo más normal es que sus intereses no coincidan siempre con los nuestros pues hay que tener un ten con ten. Nosotros solemos terminar una “pateada” por una ciudad montando en un trenecito/autobús hop on hop off (momento en el cual todos descansamos), si existe algún establecimiento típico pues que puedan entrar y coger lo que les apetezca (normalmente son heladerías o pastelerías) o hacemos una parada técnica en cualquiera de los parques que podamos encontrar.

Pero puede suceder también que no quiera hacer algo y como os decimos, se puede llegar a poner muuuy intensa. Sin ir más lejos, nos ha pasó hace un par de veranos en Malta. Cuando visitamos el Museo de la Guerra hubo un momento que dijo que no quería visitar más (analizando la situación, era una zona exterior y era un día de mucho calor) así que echamos un vistazo al lugar, vimos que no había peligro alguno y localizamos un pequeño sitio, a la sombra, donde ella podía esperarnos. Y eso hicimos, sin enfados ni reproches (no tiene por qué haberlos) se sentó a esperar y nosotros continuamos la visita. Si bien es cierto, que no te entretienes tanto (todos tenemos que poner de nuestra parte) pero no dejamos de realizar la visita. Hay veces en las que su hermano se queda haciéndole compañía, pero nunca le forzamos a que se quede, depende de él.

Si la actividad es más rural, siempre nos acompañan nuestros “palos de las aventuras”, que inicialmente no dejaron de ser palos que encontramos en los Pirineos y que nos servían de apoyo y que después de varios años, cambiamos por palos de trekking de cierto establecimiento. Siempre, siempre, van en el maletero del coche.

Las cámaras también son indispensables. Una digital para fotografía y una deportiva con carcasa para poder sumergirla. Con ellas obtiene la libertad de reflejar su modo de disfrutar las vacaciones.

Evidentemente no son las fotos ni los vídeos que nosotros esperamos, sino que son sus fotos y sus vídeos. Puede ir desde la bajada divertida por un tobogán acuático o a la explicación de cómo es una catedral por dentro, con sus propias palabras a modo de reportaje.

Lógicamente, no podemos establecer jornadas largas. Los últimos años hemos viajado en crucero, que para nosotros es una tipología de viaje que nos da todo lo que necesitamos en estos momentos. Establecemos el día en dos partes, por la mañana visitamos lo que se pueda (como decimos, hay que priorizar) y volvemos a comer al barco para que puedan disfrutar de él por la tarde. Digamos que se ha convertido en una especie de “rutina” que Ana tiene adquirida y es más fácil de manejar tanto por ella como por los demás.

Si hacemos alguna escapada donde sea, también dividimos la jornada en dos partes, siendo por la mañana la que a ella le resulta más tediosa (coincide normalmente con la visita o ruta de turno).

Nuestros alojamientos, a ser posible, han de tener piscina. Las jornadas siempre que se puede terminan en baño. Si vamos en invierno, procuramos que haya piscina climatizada. Es otra manera de darles “su ratito”.

Y bueno, si en algún momento “salta” el disparador pues no queda otra que parar y reconducir. Que da tiempo a hacer lo esperado, perfecto; que no, seguramente haya otra oportunidad para hacerlo.

Al final somos cuatro integrantes que remamos hacia el mismo objetivo: disfrutar de las experiencias que vivimos juntos.

Esperamos que nuestra experiencia os sirva de ayuda y sea un referente para animaros a viajar, dejando a un lado los miedos que os puedan surgir.


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